Estaba a punto de renunciar a todo cuando un extraño que nunca había conocido le dijo: No saltes

En el año 2014, una joven llamada Trieste Belmont sufrió una crisis neurológica. Su abuela había fallecido recientemente, y estaba atravesando una dolorosa ruptura emocional con ella.

En ese momento, Trieste estaba tomando clases de baile, pero no tenía licencia de conducir y dependía de un amigo que la llevaba todas las semanas. Sin embargo, un día su amigo no apareció, y Belmont esperó durante horas antes de tomar la decisión de caminar a casa.

El camino incluía cruzar un puente alto. Cuando llegó a casa, se detuvo brevemente. Fue entonces cuando alguien que nunca antes había conocido le dijo: «No te arrojes».

«Fue uno de los peores días de mi vida. Miré todos esos autos y me sentí tan inútil y como una carga que decidí rendirme», dijo Belmont a NPR.

Con lágrimas en los ojos, encontró el valor para seguir adelante con su viaje.

En ese momento, el conductor, que nunca antes había visto el rostro de Belmont ni estrechado su mano, cruzó el puente y gritó desde la ventana: «No te arrojes».

En ese instante, un interruptor en la mente de Belmont cambió: la posición de víctima ya no era una opción cuando un desconocido se preocupaba por ella y le hablaba.

Ella buscó terapia y, con la ayuda de amigos, familiares y terapeutas, ha recorrido un largo camino desde ese oscuro y fatídico día.

Belmont utiliza este evento como un ejemplo para enseñar a las personas cómo ser amables con los demás. Incluso la más pequeña amabilidad se multiplica a través de la distancia social entre extraños.

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